Karl Ernst Adolf Anderssen nació el 6 de Julio de 1818, en Breslau (Alemania), (actualmente Wrocław, Polonia) era una de las ciudades alemanas con un ambiente intelectual y económico más estimulantes que podría desear un ajedrecista a principios del siglo XIX. Falleció el 13 de Marzo de 1879. Estudió Filosofía y Matemáticas, y durante toda su vida ocupó el puesto de profesor en el Instituto de su ciudad natal.
Cuando Anderssen tenía 9 años de edad, su padre le enseñó a jugar ajedrez, algo que marcaría su vida, ya que Anderssen siempre se mostró feliz cuando se sentaba ante un tablero. Uno de sus libros de cabecera fue “Cincuenta partidas entre Labourdonnais y McDonnell”, de William Lewis. Tal vez su manera de jugar, siempre al ataque, estuvo influenciada por las partidas de ese match, ya que muchas de ellas fueron espectaculares luchas tácticas. Anderssen no fue un niño prodigio, sino un talento desarrollado lentamente por el profundo estudio de los italianos, de las partidas de Labourdonnais y MacDonnell, y de los tratadistas de la escuela de Berlín, y para 1840, a la edad de veintidós años, aún no había superado a maestros como Bledow, von der Lasa y Hanstein.
Desde el punto de vista personal, Anderssen fue descrito por sus coetáneos como un hombre alto, corpulento, de potente voz, siempre sonriente y de trato amable.
Durante su juventud fue un gran compositor de problemas, modalidad en la que pudo dar rienda suelta a su creatividad La primera vez que atrajo la atención del mundo del ajedrez sobre él fue cuando publicó algunos problemas de ajedrez cortos en 1842.
En 1846 inició la publicación de la revista de ajedrez Deutsche Schachzeitung, en Berlín, junto a Johannes Zukertort, que por esa época se convirtió en su discípulo. En estos primeros años, Anderssen está en contacto con varios jugadores alemanes (Von der Lasa, Löwenthal o Mayet), con los que disputa matches o partidas amistosas, con resultados desiguales. Sus comienzos no fueron muy exitosos y tuvo que pulir sus carencias a base de mucho trabajo. Estos encuentros eran su única relación con el ajedrez de competición, ya que a mediados del siglo XIX este deporte se encontraba muy aislado.
En 1848 empató un match con el jugador profesional Daniel Harrwitz.
A consecuencia de este encuentro y a su reputación en general, recibió una invitación para ser el representante alemán en el primer torneo internacional de la historia, Londres 1851, en el que tomarían parte los principales maestros del mundo bajo la dirección del famoso jugador Howard Staunton, que pretendía de este modo refrendar su dominio en el ajedrez mundial. Al torneo fueron invitados los mejores jugadores de la época, incluido Anderssen, por lo que la competición fue tomada como un campeonato del mundo no oficial.
Anderssen no estaba muy convencido de aceptar la invitación, ya que los costos del viaje eran demasiado altos para su limitado presupuesto. Sin embargo, Howard Staunton, se ofreció a pagarle los gastos del viaje en caso de que no obtuviera ningún premio. Ante esta generosa oferta, Anderssen decidió asistir.
El sistema de juego elegido fue el de eliminatorias, a 4 rondas. Anderssen no entraba dentro de la terna de favoritos, no en vano era un auténtico desconocido para sus rivales, pero el alemán logró sorprender a todos y se alzó con el triunfo de una forma justa, mostrando un fino juego de ataque. Pero durante el torneo ocurrió algo que dio todavía más fama a Anderssen, incluso más que su victoria final, y fue la disputa de una partida que trascendería las barreras del tiempo: La Inmortal. Anderssen, durante uno de los descansos del torneo, decidió jugar una partida amistosa con Lionel Kieseritzky. La sucesión de golpes tácticos y brillantes combinaciones que se dieron en dicha partida la han convertido en la más famosa de la historia y son una prueba irrefutable del increíble talento de Anderssen.
Respecto a su carácter es ilustrativa la anécdota que relata Zoilo Caputto en su maravilloso libro El arte del estudio de ajedrez: “cuando regresó victorioso del primer torneo internacional de Londres, sus alumnos le habían preparado un jubiloso recibimiento con el obsequio de una estatua que representaba la Victoria.
Al entrar en el aula, tras larga ausencia, se hizo un profundo silencio; pero no bien reparó en la estatua emplazada sobre su escritorio, el ceñudo profesor tronó con su habitual aspereza:
– ¿Qué hace ahí esa mujercilla?
Los alumnos se quedaron atónitos, y pasaron algunos segundos antes que el primero de la clase se atreviera a balbucear las felicitaciones de todos”.
Sólo un año después, Anderssen volvería a dejar boquiabierto al mundo del ajedrez con su partida ante Dufresne, hasta tal punto, que fue bautizada como “La siempreviva”. Resulta curioso reproducir sus movimientos y comprobar las similitudes que tiene con ‘La inmortal’, como el mate con el alfil en e7, algo que se da en ambas partidas. Anderssen es el único jugador de la historia que ha producido dos partidas inmortales, algo que le coloca en un puesto de honor en la historia del ajedrez, no creo que exista ningún aficionado que se precie que no haya reproducido ambas partidas en más de una ocasión.
En el periodo que abarca desde 1851 hasta su duelo con Morphy, Anderssen había conseguido situarse en la cúspide del ajedrez mundial, lugar en el que se mantendría hasta el año 1866, salvo durante un breve espacio de tiempo en que fue expulsado por Paul Morphy en un match celebrado en París (-7 +2 =2). (año 1857).
Anderssen no había puesto en juego su título ficticio de campeón del mundo. Cuando Morphy llegó a Europa, Anderssen estaba plenamente dedicado a su profesión de maestro y apenas abandonaba su ciudad. Sus apariciones en torneos internacionales eran meramente esporádicas, por lo que su nivel competitivo no era tan alto como lo fue a principio de la década. A pesar de esto aceptó gustoso el reto de Morphy y se desplazó a París para disputar un match con el americano (Morphy costeó los gastos del viaje con un premio que había ganado en un torneo en el café de la Regence). Anderssen perdió este match con claridad, algo que los expertos atribuyeron a su acusada inactividad, aunque el reconoció la superioridad de su oponente.
Anderssen empleó el curioso movimiento inicial 1.a3 en ese match, por lo que se lo llama la apertura Anderssen. A pesar de ello, esta apertura nunca se popularizó en competiciones de categoría.
Tres años después de ser derrotado por Morphy, Anderssen ganó el torneo de Londres en 1862, el primer evento internacional round-robin o sistema de liga, con una puntuación de doce victorias sobre trece partidos, perdiendo sólo contra John Owen.
En 1866 perdió un match contra Steinitz por 8-6. Este fue el primer match donde se usaron relojes de ajedrez. Steinitz reclamó más tarde la consideración del este match como el primer campeonato del mundo. El match introdujo cierto número de ideas nuevas en el campo de la estrategia del ajedrez. Algunos escritores modernos dicen que después de estas partidas, Steinitz era el campeón mundial.
Con respecto a su relación con Steinitz, también Zoilo R. Caputto cuenta en su precioso libro El arte del estudio en ajedrez la siguiente anécdota: “Entre los grandes campeones de ajedrez del pasado muy pocos tenían afición a escribir cartas, y Anderssen y Steinitz, al parecer, se contaban entre los menos dispuestos.
Cuando los dos se encontraron en el Torneo de Londres en 1862 pronto se hicieron muy amigos, y al margen del torneo jugaron entre sí con frecuencia. A la hora de la despedida el diminuto Steinitz estrechó la mano del inmenso Anderssen, y sabiendo de su también escasa disposición para escribir cartas le dijo:
— Profesor, cuando yo le escriba no ha de contestarme usted.
— Yo nunca contesto— le replicó Anderssen.
— Y yo nunca escribo…— concluyó Steinitz.
Tras su derrota ante Steinitz, Anderssen pasó a un segundo plano, o al menos eso parecía, pero el profesor alemán aun guardaba una extraordinaria fuerza. El logro más grande de Anderssen llegó casi al final de su vida, cuando ganó en Baden-Baden (1870), el torneo más intenso que se haya jugado para la época. Terminó primero, por encima de su viejo rival Steinitz, así como también de los grandes jugadores Neumann y Blackburne.
En Leipzig (1877) quedó en segundo lugar, siendo su última gran victoria. Tenía 59 años.
Muere en Breslau el 13 de marzo de 1879 de un ataque al corazón. Anderssen pasó a la historia además de por su genialidad en el juego de ataque y sus grandes partidas, por su honestidad y caballerosidad, rasgos estos que incluso sus rivales supieron destacar.
La historia ha situado a Adolf Anderssen y Paul Charles Morphy como los cabecillas de la revolución romántica que conquistó el mundo del ajedrez en el siglo XIX. El estilo de juego de esta inigualable saga de jugadores estaba basado en los principios de la escuela italiana (fundada por Ercole del Río -1750-), en los que se daba gran importancia a un rápido desarrollo de las piezas para así poder lanzar ataques relámpago contra el enroque rival. Anderssen y Morphy sirvieron de inspiración a muchos otros maestros, baste citar a Blackburne, Zukertort, Winawer, Bird o Kolisch, los cuales trataron de adoptar su estilo, teniendo como máxima aspiración igualar sus gestas. Esto supuso una época próspera de creatividad, donde no se concebía una partida sin sacrificios, golpes inesperados y ataques rudos
El público que asistía a los torneos abucheaba al jugador que no aceptaba un sacrificio de pieza o declinaba un gambito, que pasaba a ser considerado poco menos que un cobarde. Pero esta forma de entender el juego también tuvo sus críticos, que consideraban las combinaciones como meros fuegos de artificio que no servían para obtener victorias de forma regular y que estaban condenados a ser desterrados del tablero. Anderssen no se dejó influir por estos augurios y fue fiel a su forma de jugar a lo largo de toda su carrera. Cuando se sentaba ante el tablero sólo tenía una cosa en mente: atacar y atacar, el rey enemigo siempre estaba en su punto de mira y no le importaba prescindir de cualquier pieza con tal de poder lanzarse a la ofensiva.
Para Anderssen el ajedrez representaba una pasión, juego al que dedicaba prácticamente todo su tiempo libre. Este hecho influyó en que no llegase a casarse, dedicándose a sus clases de matemáticas y alemán, en Breslau, durante toda su vida. Esta desmedida afición le llevó a protagonizar divertidas anécdotas, como la que pueden leer a continuación:
Una noche Anderssen se sentó frente a un tablero y se puso a estudiar un problema. Cuanto más se perdía en todas las posibles variantes, más partidas jugaba contra si mismo. Estaba tan fascinado con la belleza de aquélla partida, que perdió la noción del tiempo y de las circunstancias, no sintiendo por ello ningún cansancio. Cuando de repente alguien llamó a la puerta, enojado, interrumpió sus pensamientos y entonces mantuvo la siguiente conversación con su ama de llaves:
Anderssen : “Vete tranquila a la cama. Estoy ahora muy ocupado”
Liesbeth : “¿Cómo dice, por favor?”
Anderssen : “No me molestes. Sabes que puedo resistir perfectamente toda la noche. ¡Llámame mañana temprano, como siempre!”
Liesbeth : “Señor profesor, ¿se encuentra usted bien?”
Anderssen : “Criatura, no sólo estoy muy bien, sino que además no debes molestarme ahora. Estoy precisamente en lo más importante. Termino en seguida”
Liesbeth : “Sabe profesor, usted no ha dormido absolutamente nada. Ya tengo experiencia de otras veces. ¿Pero… no ha oído usted las campanas del alba?”
Anderssen : “¿Las campanas del alba?. Habría podido jurar que eran las campanas de la noche. ¿No te confundes?”
Liesbeth : “Señor profesor, ‘yo’ he dormido toda la noche y ‘no estoy soñando’.”
Anderssen era uno de los jugadores más queridos por los aficionados y también supo ganarse el aprecio de sus rivales, incluso tuvo una gran amistad con el siempre irascible Wilhelm Steinitz. Quienes le conocían, le definían como un hombre alto, corpulento, siempre sonriente y de trato amable. No es de extrañar que obtuviese la simpatía de todos, así como el respeto y la admiración por su brillante juego.
Muchos jugadores de ajedrez terminan sus vidas en el más oscuro olvido, sin ser apenas recordados por el mundo del ajedrez. A Anderssen le ocurrió todo lo contrario, su gran carisma y su larga lista de éxitos le sirvieron para recibir muchos homenajes tras su fallecimiento. Baste decir que una revista alemana de ajedrez le consagró una necrológica de 19 páginas, todas ellas con una franja negra en señal de duelo.
Las estadísticas de Anderssen a lo largo de su carrera son : victorias 313, tablas 52, derrotas 249; promedio 55’2 %
Palmarés de Adolf Anderssen
Incluyo todos los torneos que disputó Anderssen.
| AÑO | TORNEO | PUESTO | PUNTOS |
| 1851 | Torneo de Londres | 1º | Match |
| 1857 | Torneo de Manchester | - | - |
| 1862 | Torneo de Londres Torneo de Londres | 3º1º | – |
| 1868 | Torneo de Aachen | 1º | - |
| 1869 | Torneo de Barmen Torneo de Hamburgo | 1º1º-2º | – |
| 1870 | Torneo de Baden-Baden | 1º | 11/16 |
| 1871 | Torneo de Crefeld Torneo de Leipzig | 1º-3º1º-2º | – |
| 1872 | Torneo de Altona | 1º | - |
| 1873 | Torneo de Viena | 3º | 19/30 |
| 1876 | Torneo de Leipzig | 1º-3º | - |
| 1877 | Torneo de Leipzig | 2º-3º | 8’5/11 |
| 1878 | Torneo de París | 6º | 12’5/22 |
| 1879 | Torneo de Frankfurt | 3º | 6/9 |
RESULTADOS EN MATCHES INDIVIDUALES
| AÑO | MATCH | RESULTADO |
| 1846 | Adolf Anderssen – Von Heydebrand | 2 – 2 |
| 1848 | Adolf Anderssen – Daniel Harrwitz | 5 – 5 |
| 1851 | Adolf Anderssen – Karl Mayet Adolf Anderssen – Jean Dufresne Adolf Anderssen – Karl Falkbeer Adolf Anderssen – Klaus Pitschel Adolf Anderssen – Lionel Kieseritzky Adolf Anderssen – Jacob Löwenthal | 4 – 013 – 52 – 12 – 22’5 – 7’55 – 4 |
| 1852 | Adolf Anderssen – Louis Eichborn | 0’5 – 8’5 |
| 1855 | Adolf Anderssen – Karl Mayet Adolf Anderssen – Jean Dufresne Adolf Anderssen – Hermann Polmacher | 14’5 – 6’56 – 03 – 1 |
| 1857 | Adolf Anderssen – Louis Eichborn Adolf Anderssen – James Kipping | 0 – 44 – 5 |
| 1858 | Adolf Anderssen – Paul Morphy | 3 – 8 |
| 1859 | Adolf Anderssen – Berthold Suhle Adolf Anderssen – Max Lange | 6’5- 3’53’5 – 4’5 |
| 1860 | Adolf Anderssen – Phillip Hirschfeld Adolf Anderssen – Von Kolisch Adolf Anderssen – Jules De Riviere | 0 – 65’5 – 5’52’5 – 3’5 |
| 1861 | Adolf Anderssen – Raland Adolf Anderssen – Jean Dufresne Adolf Anderssen – C. Drupe Adolf Anderssen – Christiaan Messemaker Adolf Anderssen – Von Kolisch | 3 – 04 – 12’5 – 0’52 – 15 – 4 |
| 1862 | Adolf Anderssen – Jacob Rosanes Adolf Anderssen – Louis Paulsen | 2’5 – 2’54 – 4 |
| 1864 | Adolf Anderssen – Gustav Neumann Adolf Anderssen – Emil Schallop Adolf Anderssen – Johanes Zukertort Adolf Anderssen – Berthold Suhle | 6 – 86 – 15’5 – 3’54 – 4 |
| 1865 | Adolf Anderssen – Karl Mayet Adolf Anderssen – Gustav Neumann Adolf Anderssen – Viktor Knorre Adolf Anderssen – Johanes Zukertort | 5’5 – 2’515’5 – 12’53 – 14 – 10 |
| 1866 | Adolf Anderssen – Gustav Neumann Adolf Anderssen – Johannes Minckwitz Adolf Anderssen – Johanes Zukertort Adolf Anderssen – Wilhelm Steinitz | 10 – 141 – 21’5 – 2’56 – 8 |
| 1867 | Adolf Anderssen – Jacques Mieses | 4’5 – 0’5 |
| 1868 | Adolf Anderssen – Johanes Zukertort | 8’5 – 3’5 |
| 1876 | Adolf Anderssen – Louis Paulsen | 4’5 – 5’5 |
| 1877 | Adolf Anderssen – Louis Paulsen | 3’5 – 5’5 |

















Esta biografia es la que más me gusta.Me hubiera encantado estar en ese siglo, donde no se consebia una partida sin sacrificios, golpes inesperados y ataques rudos.Y Andersen me ha dustado porque dicen que siempre fue fiel a su forma de jugar, siermpre tenia al Rey enemigo en su punto de mira.-Al ataque Al ataque.Como yo vaya(guardando las distancias claro)
Estaría bien que reprodujeses sus partidas para poner sus ideas en práctica.